La danza en los hombres
No pocas veces la danza es asociada con lo femenino, al vincularla a la etérea figura de una bailarina, elevada en las puntas de los pies y como flotando entre tules. El papel preponderante que el ballet romántico otorgó a la bailarina ha hecho que muchos ignoren que en su sentido más estricto, la danza es inherente a la naturaleza humana, sin distinción de sexos y que, por ejemplo, en la Grecia de la Antigüedad, la danza fue utilizada como entrenamiento de los guerreros, hasta el punto que se atribuya al famoso filósofo Sócrates, la frase "el mejor bailarín es también el mejor guerrero". No puede tampoco olvidarse el importante peso del hombre en muchas danzas folclóricas de origen rural o urbano, ni que fueron hombres quienes pulimentaron las danzas preclásicas desde el Renacimiento temprano, haciendo del maestro de danza un favorito de cortes y palacios.
En los albores del ballet teatral, por los tiempos del reinado de Luís XIII, solamente los hombres tenían acceso al gran ballet de corte. Un poco después, si bailaban las damas, lo hacían ellas solas y eran escasos los espectáculos en que se mezclaban bailarines y bailarinas.
Luis XIV, notable bailarín de su corte y ferviente apasionado de la danza, creó bajo su reinado la Real Academia de la Música y la Danza, hecho que daría impulso definitivo al desarrollo del ballet profesional, pues en ella se establecieron las primeras reglas de lo que hasta hoy se conoce como danza académica, rigurosamente establecidas por aquellos primeros maestros, encabezados por Pierre Beauchamps, a los que se encargó el trabajo de desarrollar el ballet en la Real Academia.

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